8.12.11

Mëia mar - Fernando de Uña




















Para Mëia

Mëia me mira y sonríe,
llena de noche el momento
cuando toca despedirse
de los barquitos del puerto.

El mar besa suavemente,
como queriendo inundarlas
y sin poder, porque flotan,
los costados de las barcas.

Vienen valientes las olas,
caricias del mar amante
que saltan para alcanzar
a la princesa distante.

Y Mëia como pidiendo
al bravo mar que la abrace
y el mar sin poder salirse
de su lecho de cristales.

Cristales que el mar escupe,
refulgientes corazones,
son los restos de botellas
que bebimos en tu nombre.

Tan lejos, tan cerca - Fernando de Uña

Para Mëia

Tan cerca,
que con un simple mover de la mano
podrían acariciarte mis dedos,
que con haber decidido arriesgar
robaría de tus labios un beso.

Tan cerca,
que distingo los poros de tu piel,
en secreto me deleito en tu aroma,
y a través del brillo de tu mirada
me deslizo hasta contemplarte a solas.

Y sin embargo, tan lejos,
que bastaría saltar ese espacio,
hacer ese gesto, para que huyeses,
y quedarme cual luna mañanera
contemplando por siempre el sol naciente.

Tan lejos, tan cerca,
que los únicos momentos en que puedo tenerte
son aquellos en los que me amarro a una botella.

22.9.11

Elogio de la fugacidad - Eu

El intento de atrapar la fugacidad. De capturarla, para poder tenerla bien vigilada y que no cambie y que no pueda alterar su misma esencia fugaz. Para poder meterla en una jaula de oro y cuidarla y poder deleitarme con ella todos los días como si fuera el momento en que la descubrí por vez primera.

A veces pienso que no sería tan malo poder atrapar la fugacidad. Un buen amigo me dijo que mi problema con la parte femenina de nuestra especiel no es otro que el intento de atrapar la fugacidad, de pretender que todo sea como es al principio, de hacer del comienzo el todo. Yo creo que eso no es tan malo: al principio todo es menos profundo, pero es más desnudo y puro, pienso yo. Porque al fin y al cabo las aristas más salientes de nuestro yo saltan a la vista en seguida, en los principios más incipientes.

De todas formas no creo querer eso. Nunca me he cerrado a vislumbrar una segunda parte, aunque diera al traste con la magia de la fugacidad inicial, e incluso a veces lo he deseado (¿Qué es el desamor, sino eso?). Pero eso no me impide admirar la fugacidad en cuanto tal, disfrutarla y guardármela en un cajoncito que llevo dentro, como el que tienen los niños con sus tesoros.

No quiero atrapar la fugacidad, no. Me gusta como es ella. Mágica y mundana, elegante y desgarbada, repulsiva y sensual. Hay fugacidad en la mujer de un paseo y la hay en el mendigo que suplica una limosna. Son esos instantes que nos golpean, para bien o para mal, con la belleza o la fealdad. Y esos instantes son maravillosos, porque son los que les dan sabor a la vida. Siempre he pensado que lo que se recuerda de cualquier experiencia en el tiempo son esos pequeños momentos puntuales pero que tienen una trascendencia æónica.

Prefiero un abrazo apasionado a mil choques de manos de cortesía. Prefiero llorar una noche que arrastrar una tristeza. Prefiero una mirada tierna que miles de ellas despreocupadas. Porque son grandes precisamente por todo lo que encierran en su corta existencia, porque siempre te queda el ¿y si ...?, porque no son momentos cerrados: son problemas de los que conocemos el origen pero cuya solución se perdió en un universo paralelo, son razones que no llevan a ninguna hipótesis lógica. Son poemas en negativo, son cuentos inconclusos. Pero rezuman vida y muerte, sangre y lágrimas: Son reales.

Si tengo que elegir, me quedo con los momentos fugaces: la rutina gris tranquila y anodina es para los cobardes.

21.9.11

La verdad sobre el caballerismo - oigulerml

Te abro la puerta, para que puedas pasar. En mis manos esta que entres. El disfrute ajeno, de verte, queda subordinado a mi parecer: te dejo o no te dejo. Suelo dejarte para no dificultar, para no pesar. Pero no te olvides nunca de que podria no hacerlo y cambiar todo lo que tienes por ley en tu cabecita en tan solo un segundo.

Te retiro la silla para que te puedas sentar sin esfuerzo alguno. Para que simplemente te dejes caer. Tu peso me es leve. Me cae encima la tentacion de retirarte la silla del todo y que justo cuando confies, caigas y te desplomes frente a mi: frente a todo el mundo. Me da pena y me resisto.

Al sacar mi fabulosa goma de mascar, te ofrezco dispuesto a compartir algo tan grande contigo. Podria no ofrecerte y ver tus lagrimas brotar al sentir el maravilloso olor que provendria de entre mis dientes. Me apiado y ni falta hace preguntarte para que te avalances, como un depredador a mi mano. Mi barra de chicle es tuya.

Te enciendo el cigarrillo, no con el mio sino que saco el fuego. Me tomo las molestias. Nunca quemaria tu rostro, pero me pasa siempre por la cabeza. Tu pelo tampoco lo quemo porque no me gusta el olor: si me gustara, bonita…

Te veo dormida. Ida. En otro lado con la nuca desprotegida. Y esta copa llena de vino para desayunar indica mi libertad. No aprovecho, no. No la estrello contra ti. Te respeto. Contemplo tu inocencia que parece esconderse al tú despertar.

Pero todo esto no es mas que una excusa. Todo esto tiene el unico fin de poder admirar lo que precisamente me diferencia de ti. Lo que te hace tan hermosa. Esto es lo unico que explica mis esfuerzos, que solos, se podrian considerar como una vana perdida de energia.

Porque si no explicame tú como, siendo hombres de caballos: algunos de crines duras, de cepillos, otros de crines de fuego; seriamos capaces de elegir pasarla mal cuando podriamos pisarte.

Bien leido.

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Tomado de http://oigulerml.tumblr.com/

10.6.11

Microrrelato - Omar Mir

─¡Pero qué barbaridad...! ¡Chófer!, ¿se siente bien?.. Vamos a Cabildo y Juramento, por favor... Ay, mirá Nora, mejor bajemos y tomemos otro taxi porque este señor es un botarate; no arranca y vamos a llegar tarde...
─Señor, por favor, espere que vamos a bajar... Bajá gorda baja... Debe ser un enfermito, no sé...
Manuel la miró pasar; la hubiera querido abrazar, comérsela a besos, gritarle: "Ale, soy yo". Pero ahí se quedó viéndola ir, mudo, en medio del bochinche de Buenos Aires, con las manos en el volante y el gesto bobalicón de aquel adelescente que fue.

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Fuente: http://www.reservadepalabras.org

18.4.11

Noche - Fernando Nombela

Viene la noche
con sus dedos de polvo estrellado
y encantada de ceniza
a acariciarme el rostro.

A besarme en la boca
con sus labios
de secreta pólvora
y traición.

Y yo no sé si esto es un don,
presente luminoso o dádiva oscura.
Si el amanecer no arrastrará mi rostro
por sobre el arrasado fondo del rocío.

Su regazo huele a violetas,
a fresas salvajes el sabor de su vientre,
pan de mar, caracola sumergida,
y viene a enredarse en mi fiebre
de caballo herido
cuya blancura luciente
gana en audacia al caer el día.

Y yo no sé, no sé, no sé
sino lo que me irán diciendo
estas palabras
aún calladas
que ahora escribo,
solitario vicio
de ser nadie ante la nada.

9.4.11

Amor de peyote - Fernando de Uña

Un mezcal de los indios, unas nubes rajadas,
un caballo al galope en febril galopada,
una historia de muerte, un amor que naufraga,
la oración que desoye nuestra Guadalupana.

Una sonrisa de sol, un cabello de cuervo,
un moreno aceituna, unos ojos de ensueño,
una risa de vidrio, pensamientos complejos
que clavan en tu mente una cerca de miedo.

Una guitarra suena, una vida se rasga,
un Vicente Fernández de canción desgarrada,
un tomar por olvido, un olvido que mata,
un beber con deseo de peyote tisanas.

Una historia de muerte, un poema de sangre,
un saber que el amor no es para los cobardes,
una apuesta arriesgada, un dolor que me invade,
una carne quemada, corazón en vinagre.

Un adiós sin encuentro, una ruleta roja,
un saber que en la vida sólo ausencia me tocas,
un recuerdo de noche, un sentir en la sombra
los besos que te robé sin tocarte la boca.

San Sebastián, 7 de abril de 2011